Los Ghouls son parte de una antiquísima estirpe de vampiros, cuya evolución los ha transformado en simples -aunque aterradores- saqueadores de tumbas.
El Ghoul es un vampiro del folklore árabe, aunque el término suele designar a toda una gama de demonios del desierto, incluidos los clásicos Djinns. Los Ghouls habitan en páramos, desiertos y cementerios, tanto los consagrados como los profanos. Las primeras leyendas sobre Ghouls los describen como criaturas astutas, no muy inteligentes, pero lo suficientemente hábiles como para tender diversas trampas a los temerarios peregrinos de las arenas.
La fisionomía del Ghoul cambia según sus necesidades. Puede metamorfosearse en diferentes criaturas horroríficas, aunque suele aparecer como una hiena de proporciones descomunales. Imita maliciosamente el ladrido de los perros para que los viajeros asuman que se encuentran cerca de un campamento.
Los Ghouls mutaron drásticamente su comportamiento a medida que la literatura vampírica los fue absorbiendo. Pasaron de predadores a carroñeros. Los mitos más recientes hablan de las incursiones de los Ghouls a los cementerios, dónde practican toda clase de rituales abominables, culminando casi siempre con la prolija ingesta de cadáveres en estado de descomposición. Esta idea ganó tanta fuerza en el imaginario popular que la voz Ghoul ha terminado por designar a todas las entidades necrófagas del desierto.
Si retrocedemos a los primeros motivos del mito, el Ghoul es un espíritu incorpóreo que se introduce en los cadáveres de los suicidas. Cómodamente instalado, el Ghoul anima el cuerpo -que no por ello abandona su proceso de descomposición- y se encarga de devorar cuanto cadáver caiga en sus manos. Una vez que el cuerpo poseído se vuelve inmanejable, debido a la descomposición de su masa muscular, el Ghoul se retira y revolotea por los cementerios en busca de un nuevo traje.
La inconografía primitiva de los Ghouls, siempre dentro del ámbito arábigo, los representa como niños de unos tres años de edad, de cabellos rojos, ojos negros e inflamados, con los dientes y la encías cubiertas de sangre negra. Lo que más impresiona de estas antiquísimas imágenes es la atención que los artistas han depositado en los ojos del Ghoul, como si allí residiese toda su maléfica influencia. En este sentido, la edad media no se quedó atrás. Los Ghouls pasaron a ser un símbolo de la demencia más escandalosa, y sus ojos, oscuros e insondables, reflejan todo el horror de sus hábitos alimenticios.
Un análisis irresponsable del mito del Ghoul declararía que éste es un reflejo desmesurado de las actividades de supervivencia propias del desierto. En términos criollos: "Todo bicho que camina -o, en el caso del Ghoul, que está enterrado- va a parar al asador."
El folklore árabe también se explaya sobre los métodos profilácticos para impedir que un Ghoul se apodere del cadáver de un ser querido. En primer lugar, se debe practicar una rigurosa vigilia en torno al muerto, acompañada de campanas, tambores y otros elementos de percusión. En este sentido, los Ghouls son notablemente similares a los Trolls escandinavos, a quienes también se les atribuye una dieta necrófaga y un horror inexplicable por las campanas.
Otro método para ahuyentar a los Ghouls consiste en elaborar un collar de tela púrpura, variedad cromática que resulta repugnante a estos engendros, y colocarla alrededor del cuello del finado. Los menos pobres podrán enterrar a sus familiares con una medalla de plata grabada con el Tetragramaton.
Una vez que el Ghoul está instalado dentro de un cadáver no hay forma de expulsarlo. Sólo resta atraparlo y reducirlo a cenizas.
Los Ghouls en la literatura:
Como decíamos, los Ghoul tienen una amplia participación en la literatura. Veamos algunos de los casos más destacados:
Howard Phillips Lovecraft:
H.P. Lovecraft fue quien más ha recurrido a los Ghouls en la literatura occidental. En El Modelo de Pickman (Pickman's Model) nos describe una raza de espantosos seres subterráneos de apariencia lobuna. Una lectura superficial del relato nos deja la impresión de que estos seres son, en realidad, licántropos, pero una visión más profunda elimina esta posibilidad, ya que Lovecraft describe detalladamente cómo estas criaturas roban niños humanos y los crían en sus abyectos cubiles, transformándolos en híbridos con extraños poderes persuasivos. Estas características nada tienen en común con los licántropos, y si con los Ghouls.
Otra participación de los Ghouls en la obra de H.P. Lovecraft es en El Sabueso (The Hound), donde se lo describe con menos minuciosidad pero con mucha mayor influencia en la narrativa. Otras apariciones narrativas son El extraño (The outsider, 1926), y el poema Nemesis (Nemesis, 1918).
Edgar Allan Poe.
Edgar Allan Poe cita brevemente a los Ghouls en su poema Las Campanas (The bells). El pasaje del poema se llama Campanas de Acero, y dice lo siguiente:
Ellos no son hombres ni mujeres,
Ellos no son salvajes ni humanos,
Ellos son Ghouls.
C.S.Lewis.
Clive Staples Lewis ha colocado a los Ghouls en su mítica Narnia, donde resultan ser un poco menos sanguinarios y mucho más estúpidos que sus predecesores. Allí se desenvuelven como colaboradores de la Bruja Blanca.
Lord Byron:
Lord Byron hace una breve referencia a los Ghouls en el poema El Giaour (The Giaour, 1813).
Mil y una noches:
Las mil y una noches es el ejemplo más antiguo de los Ghouls en la literatura. Muchos de sus relatos hacen referencia a estos adorables necrófagos. Entre ellos La historia del príncipe y la vampiresa y Honor de un vampiro.
Clark Ashton Smith:
Clark Ashton Smith ha colaborado enormemente a la incorporación de los Ghouls en la literatura occidental. A él le debemos: El Ghoul (The Ghoul, 1934), El Dios de los muertos (The charnel god, 1934).
Rubén Darío:
Los Ghouls no son patrimonio de la narrativa anglosajona. En latinoamérica Rubén Darío se ocupó de ellos en el cuento de 1910: La larva.
Robert Bloch:
Uno de los maestros del relato pulp nos ha dejado una notable versión de los Ghouls en El ghoul sonriente (The grinning ghoul, 1936).
Etimología de Ghoul:
La forma más arcaica del término es Ghul, que proviene del árabe Ghala: "agarrar". Ghoul significa, literalmente, "el que agarra". Ver: Algol, la estrella de los vampiros.
Imagino que la razón por la que este vampiro suele ser ignorado es consecuencia de su naturaleza implacable, además de la ausencia de cualquier rasgo medianamente romántico. No obstante, allí están los pérfidos Ghouls, habitando en cavernas infectas, arrastrándose en sepulcros abandonados, disfrutando sus mórbidos banquetes en soledad, aunque más no sea dentro de las viejas leyendas.
Más razas de vampiros. I Diccionario de vampiros.
Más razas de vampiros:
El Ghoul es un vampiro del folklore árabe, aunque el término suele designar a toda una gama de demonios del desierto, incluidos los clásicos Djinns. Los Ghouls habitan en páramos, desiertos y cementerios, tanto los consagrados como los profanos. Las primeras leyendas sobre Ghouls los describen como criaturas astutas, no muy inteligentes, pero lo suficientemente hábiles como para tender diversas trampas a los temerarios peregrinos de las arenas.
La fisionomía del Ghoul cambia según sus necesidades. Puede metamorfosearse en diferentes criaturas horroríficas, aunque suele aparecer como una hiena de proporciones descomunales. Imita maliciosamente el ladrido de los perros para que los viajeros asuman que se encuentran cerca de un campamento.
Los Ghouls mutaron drásticamente su comportamiento a medida que la literatura vampírica los fue absorbiendo. Pasaron de predadores a carroñeros. Los mitos más recientes hablan de las incursiones de los Ghouls a los cementerios, dónde practican toda clase de rituales abominables, culminando casi siempre con la prolija ingesta de cadáveres en estado de descomposición. Esta idea ganó tanta fuerza en el imaginario popular que la voz Ghoul ha terminado por designar a todas las entidades necrófagas del desierto.
Si retrocedemos a los primeros motivos del mito, el Ghoul es un espíritu incorpóreo que se introduce en los cadáveres de los suicidas. Cómodamente instalado, el Ghoul anima el cuerpo -que no por ello abandona su proceso de descomposición- y se encarga de devorar cuanto cadáver caiga en sus manos. Una vez que el cuerpo poseído se vuelve inmanejable, debido a la descomposición de su masa muscular, el Ghoul se retira y revolotea por los cementerios en busca de un nuevo traje.
La inconografía primitiva de los Ghouls, siempre dentro del ámbito arábigo, los representa como niños de unos tres años de edad, de cabellos rojos, ojos negros e inflamados, con los dientes y la encías cubiertas de sangre negra. Lo que más impresiona de estas antiquísimas imágenes es la atención que los artistas han depositado en los ojos del Ghoul, como si allí residiese toda su maléfica influencia. En este sentido, la edad media no se quedó atrás. Los Ghouls pasaron a ser un símbolo de la demencia más escandalosa, y sus ojos, oscuros e insondables, reflejan todo el horror de sus hábitos alimenticios.
Un análisis irresponsable del mito del Ghoul declararía que éste es un reflejo desmesurado de las actividades de supervivencia propias del desierto. En términos criollos: "Todo bicho que camina -o, en el caso del Ghoul, que está enterrado- va a parar al asador."
El folklore árabe también se explaya sobre los métodos profilácticos para impedir que un Ghoul se apodere del cadáver de un ser querido. En primer lugar, se debe practicar una rigurosa vigilia en torno al muerto, acompañada de campanas, tambores y otros elementos de percusión. En este sentido, los Ghouls son notablemente similares a los Trolls escandinavos, a quienes también se les atribuye una dieta necrófaga y un horror inexplicable por las campanas.
Otro método para ahuyentar a los Ghouls consiste en elaborar un collar de tela púrpura, variedad cromática que resulta repugnante a estos engendros, y colocarla alrededor del cuello del finado. Los menos pobres podrán enterrar a sus familiares con una medalla de plata grabada con el Tetragramaton.
Una vez que el Ghoul está instalado dentro de un cadáver no hay forma de expulsarlo. Sólo resta atraparlo y reducirlo a cenizas.
Los Ghouls en la literatura:
Como decíamos, los Ghoul tienen una amplia participación en la literatura. Veamos algunos de los casos más destacados:
Howard Phillips Lovecraft:
H.P. Lovecraft fue quien más ha recurrido a los Ghouls en la literatura occidental. En El Modelo de Pickman (Pickman's Model) nos describe una raza de espantosos seres subterráneos de apariencia lobuna. Una lectura superficial del relato nos deja la impresión de que estos seres son, en realidad, licántropos, pero una visión más profunda elimina esta posibilidad, ya que Lovecraft describe detalladamente cómo estas criaturas roban niños humanos y los crían en sus abyectos cubiles, transformándolos en híbridos con extraños poderes persuasivos. Estas características nada tienen en común con los licántropos, y si con los Ghouls.
Otra participación de los Ghouls en la obra de H.P. Lovecraft es en El Sabueso (The Hound), donde se lo describe con menos minuciosidad pero con mucha mayor influencia en la narrativa. Otras apariciones narrativas son El extraño (The outsider, 1926), y el poema Nemesis (Nemesis, 1918).
Edgar Allan Poe.
Edgar Allan Poe cita brevemente a los Ghouls en su poema Las Campanas (The bells). El pasaje del poema se llama Campanas de Acero, y dice lo siguiente:
Ellos no son hombres ni mujeres,
Ellos no son salvajes ni humanos,
Ellos son Ghouls.
C.S.Lewis.
Clive Staples Lewis ha colocado a los Ghouls en su mítica Narnia, donde resultan ser un poco menos sanguinarios y mucho más estúpidos que sus predecesores. Allí se desenvuelven como colaboradores de la Bruja Blanca.
Lord Byron:
Lord Byron hace una breve referencia a los Ghouls en el poema El Giaour (The Giaour, 1813).
Mil y una noches:
Las mil y una noches es el ejemplo más antiguo de los Ghouls en la literatura. Muchos de sus relatos hacen referencia a estos adorables necrófagos. Entre ellos La historia del príncipe y la vampiresa y Honor de un vampiro.
Clark Ashton Smith:
Clark Ashton Smith ha colaborado enormemente a la incorporación de los Ghouls en la literatura occidental. A él le debemos: El Ghoul (The Ghoul, 1934), El Dios de los muertos (The charnel god, 1934).
Rubén Darío:
Los Ghouls no son patrimonio de la narrativa anglosajona. En latinoamérica Rubén Darío se ocupó de ellos en el cuento de 1910: La larva.
Robert Bloch:
Uno de los maestros del relato pulp nos ha dejado una notable versión de los Ghouls en El ghoul sonriente (The grinning ghoul, 1936).
Etimología de Ghoul:
La forma más arcaica del término es Ghul, que proviene del árabe Ghala: "agarrar". Ghoul significa, literalmente, "el que agarra". Ver: Algol, la estrella de los vampiros.
Imagino que la razón por la que este vampiro suele ser ignorado es consecuencia de su naturaleza implacable, además de la ausencia de cualquier rasgo medianamente romántico. No obstante, allí están los pérfidos Ghouls, habitando en cavernas infectas, arrastrándose en sepulcros abandonados, disfrutando sus mórbidos banquetes en soledad, aunque más no sea dentro de las viejas leyendas.
Más razas de vampiros. I Diccionario de vampiros.
Más razas de vampiros:
El artículo: Ghouls fue realizado por Los Otros Vampiros. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com
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