Como invitar a un vampiro  

Balbuceado por Sebastián Beringheli


Como invitar a un vampiro.

La leyenda afirma: ningún vampiro puede entrar en una casa a menos que sea invitado.

Veamos de dónde proviene esta extraña creencia.


Charles Nodier, no sin dudar, señala que los vampiros sólo pueden entrar en una casa si son invitados por el dueño, y que esta invitación se prolonga aún después de la muerte del propietario. Incluso apunta un caso en el que un vampiro entraba y salía a gusto de un burdel de Lyon doscientos años después de haber sido invitado a dicho establecimiento.

En un opúsculo alemán titulado: Wie man einen Vampir einlädt, escrito en el siglo XVIII, se asegura que los vampiros no pueden entrar en una casa si no son invitados, pero sí pueden hacerlo en un establecimiento público.


Citamos un decálogo atribuido a Voltaire:
  • Los vampiros pueden entrar en un edificio público (bibliotecas, tiendas, letrinas) sin necesidad de ser invitados.
  • Los vampiros solo pueden entrar en una casa si son invitados.
  • El anfitrión no necesita saber que está invitando a un vampiro.
  • El anfitrión debe ser un residente de la casa, no necesariamente el dueño de la propiedad.
  • La invitación no puede retirarse sin el debido ritual. El vampiro, mientras dure la invitación, puede entrar en la casa a través de puertas, ventanas y otras aberturas menos ortodoxas.
  • Si un vampiro intenta entrar a una casa sin invitación, un muro energético se lo impide.
  • Los vampiros no necesitan invitaciones para entrar en hoteles y otras casas de hospedaje.
  • Los vampiros pueden entrar en casas abandonadas.
  • Los vampiros pueden entrar en la casa de otros vampiros sin ser invitados.
  • Las habitaciones privadas (dormitorios) son considerados como residencia. De modo que si alguien invita a un vampiro a entrar en su cuarto éste no podrá acceder al resto de las dependencias.

El historiador inglés Walter Map (De Nagis Curialum) relata la historia de una monja de Burdeos acosada por un párroco vampiro llamado Pailledure. Durante 40 noches el vampiro arañó la ventana de la piadosa monja, solicitándole que abra en los términos más injuriosos. Hastiada por la falta de sueño, la hermana cedió, invitó al vampiro a entrar, y aún hoy -el hoy de Walter Map- ronda descaradamente por los pasillos del convento St Hilaire de Montpellier.

Goethe traslada la necesidad de invitar a los vampiros a su demonio favorito, Mefistófeles, quien requiere toda clase de ceremonias para ingresar en una casa.

Si nos enfocamos únicamente en la leyenda vemos que los vampiros están sujetos a toda clase de prohibiciones, no sólo en la de entrar en una casa si no son invitados. Por ejemplo, no pueden dormir fuera de su tierra natal, razón por la que algunos hematófagos acaudalados (Drácula, por ejemplo) viajan con voluminosos bultos llenos de tierra putrefacta.

Las leyes del mito siguen una lógica. Muchas veces esa lógica se nos escapa, pero allí está, incluso en las leyendas más extrañas existe una razón para las prohibiciones y libertades de los seres sobrenaturales. Los vampiros, entes sobrenaturales por excelencia, no están libres de estos condicionamientos. Su existencia -mítica- barre con las leyes naturales, pero despierta otras: reglas arcaicas que los hombres urdieron en la noche de los tiempos.

En líneas generales, e incluyendo a otras manifestaciones de la noche, los vampiros son extranjeros en nuestro mundo. No se explican siguiendo las leyes del orden natural, son, en toda regla: sobrenaturales. En consecuencia, las leyes que los condicionan poco tienen que ver con las leyes físicas -y éticas- del mundo sensorial. Así como un hombre no puede quebrar la ley de gravedad de los cuerpos, un vampiro no puede atravesar los tabúes que lo condicionan.

Ahora un argumento que contradice el razonamiento anterior: los vampiros, a diferencia de los demonios y lacayos de Satán, son parcialmente humanos. Voltaire razona que el mito de los vampiros es una exageración de las obligaciones cotidianas, y que todos los condicionamientos que rigen su comportamiento mundano son la consecuencia de esa impostura. Lo cierto es que los vampiros, en casi todas las mitologías, comienzan siendo humanos; y todos conservan cierta humanidad, la cual es "liberada" cuando el héroe de turno les perfora el esternón con una estaca de fresno.

Siguiendo a Voltaire, los vampiros son la identificación por excelencia del forastero hostil, del hombre de afuera, el outsider, si se nos permite en anglicismo; una criatura bárbara que pervierte la saludable ley de hospitalidad, por la cual ningún huésped puede ser maltratado.


Mircea Elíade, ese monumento al pensamiento mítico, observa en esta imposibilidad de los vampiros a entrar en una casa sin invitación se remonta a las primeras tribus civilizadas. Incluso va más lejos al identificar a los vampiros con los lobos y los perros, preguntándose que en algún momento de nuestro oscuro pasado los hombres domesticaron a los lobos, los hicieron "perros". Aquella tregua entre cazador y presa, o entre hostigador y fantasma nocturno, se prolonga hasta nuestros días en la mirada lúbrica del coqueto can de la tía, y jamás fue rota. Ahora bien, los lobos, anota Eliade, debieron acostumbrarse al fuego, al gran fuego encendido por las tribus nómandes, venciendo una resistencia natural. Y los hombres, por otro lado, también debieron dejar de lado el temor de que los lobos se acerquen, que "entren" en su círculo. En esta dinámica inimaginable, imagina Eliade, acecha el mito de los vampiros y la necesidad de ser invitados.

Montague Summers anota en El Vampiro, su raza y familia (The Vampire, his kith and kin, 1928) que los vampiros no sólo necesitan de una invitación para ingresar en una casa, sino que necesitan ser invitados incluso en la residencia que habitaban en vida; y cita un extraño caso de vampirismo en Yorkshire, Inglaterra, donde un vampiro atravesaba todas las noches la pared de una dependencia privada, indiferente, en apariencia, de las leyes que lo prohibían. Luego, aclara Summers, se supo que el vampiro atravesaba la pared justo en el lugar donde en otra época hubo una puerta.

Levi-Strauss analiza una extravagante creencia de los balcanes. Allí, los vampiros no sólo necesitan una invitación para entrar en una casa, sino otra para abandonarla. Claro que una vez dentro, señala el antropólogo, pueden ser notablemente persuasivos.

Aelfwine.



Más leyendas de vampiros. I Diccionario de vampiros.


Más historias de vampiros:
El artículo: Como invitar a un vampiro fue realizado por Los Otros Vampiros. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

0 comentarios

Publicar un comentario en la entrada