Introducción al capítulo primero: Nuptiae Noctis.
Parthenos Misos toma conciencia de que sus sueños no son meras elaboraciones oníricas. Primer contacto con la entidad vampírica extratemporal, cuyo nombre no mencionaremos. El contacto entre ambos se da en un terreno onírico y, por lo tanto, cargado con el simbolismo del soñante, en este caso, la joven Parthenos, que en la época de este capítulo contaba con alrededor de dieciocho años. Es interesante notar que, vaciado el contenido marginal, la experiencia apunta a una comunicación en ambos sentidos.
Siguiendo la estricta regla impuesta por Aelfwine para la publicación de todos los artículos referentes al Memento Umbrarum, hemos disimulado los aspectos que señalan los inicios del ritual de comunicación. Ningún pasaje ha sido suprimido o modificado en su escencia esotérica, de manera que el iniciado podrá detectar sin inconvenientes aquello que subyace en texto.
Memento Umbrarum: Nuptiae Noctis I.
Offero Uxor. Accipio Dominus Sempiternus.
De Maldon nació el nombre, repetido por los cuervos en el hastío de sus festines. Te rodea un valle de rocas especulares, oh, Señor que has rasgado el velo de la noche. Tuyas somos, Tuyas seremos, Tuyas en el polvo y sobre la tierra, Tuyas en los oscuros y vastos salones submarinos. Tuyas somos, oh Señor de la Máscara Élfica, Tuyas en el sepulcro, en la carne trémula y viva que a Tí ofrecemos sin prejuicio ni reclamos. Vacía tu cáliz sobre mi vientre, quémate en las tibias entrañas de tu sierva que en Tí confía. Tu sal es el vino más preciado, y Tuyos son mis aullidos y el tono de mi espanto.
Pasos que se retiran. La casa duerme. A lo lejos, algo se arrastra. Estoy sola, diabólicamente sola. Los pensamientos cambian en la noche, se desnudan, crecen y se desmoronan. Veo a un hombre que aguarda. No ha nacido, pero su nombre brilla como una almenara para los aguardan. Ojos negros y abisales en la noche de mi cuarto. Me observa. Tiemblo. Mis dedos, fríos como garras esqueléticas, descienden por mi vientre. Sonríe. Desde las profundidades del tiempo, me vé. Flota. ¿Quién soy? Desgarra. Humedad de soledades sobre el satén impalpable. No lo soporto. Condena.
La casa vive otra vez. Aromas. Hierbas en el jardín. La ventana se queja. Luz. Pasos que regresan. Comienza otra vez el ciclo incansable de los días.
Más libros. Signos. Simulo un interés que me provoca náuseas. Sirvientes que van y vienen. ¿Estoy enferma? Cirios. Alguien gime en otra habitación. ¿Llora?
Camino alrededor de la cama. Bajo las escaleras. Mastico algo, un gusano, creo, y vomito. Deméter me alcanza un té. Bebo y no vomito. Sube el sol. El río se acurruca. Biblioteca. Mi Padre ha muerto. ¿Es también el Tuyo? Libros, libros hasta donde alcanza la vista. Ascienden como torres. Lo busco. Un nombre, un algo. Mi madre se arrastra con un lacayo moreno a sus espaldas. Una víscera de bronce sale de su boca y estalla en mil fragmentos. Huye. Se resbala. No hallaré su Nombre en un libro.
Cae la noche. ¿Amaneció hoy? Mi cuarto se proyecta. Me peinan. Me perfuman. Me visten. Desnuda. Despierto al cerrar los párpados. ¿Amanecerá alguna vez? Soy una novia.
Lo Veo. Ojos oscuros. Se revuelve. Lleva el cabello largo. Manos de madera. Sangran. No me vé. No creo que pueda verme. ¿Te ha visto? Mi madre gime. El moreno ha muerto. Desde la noche eterna el Otro me observa. Finalmente me observa. ¿Qué soy para él? ¿Una idea? Escribe. Me olvida.
El Tiempo se detiene. Nunca estuvo. Nunca fue. Escribe. Piensa. Imagina. Deja el cuaderno sobre la mesa. Suspira. Fuma. Tal vez recuerda.
Mis dedos lo encarnan, juegan a ser Él. Me acaricio. Caigo. Sangro. Sus ojos me perforan.
Ya no duda. Me vé. Me huele. El Tiempo corre en otra parte, quizá sobre el río, quizá en el miembro del lacayo muerto. Mi madre lo devora. Me ofrezco. Soy Tuya.
Sonríe. ¡Me ha visto!
¡Oh, Señor de las planicies de Maldon, cazador inagotable del Reino Perdido, óyeme! Innato. Incorpóreo. Guardián de la ribera nocturna, acéptame. Tuya soy. En Tí Soy. Por Tí Soy.
La noche se deshace. Aguardo. En la hora incierta del alba lo escucho decir mi nombre: Parthenos. Luego se diluye. Se hace niebla. Se oscurece. El Tiempo vuelve del río, quizá del miembro del lacayo muerto en la boca de mi madre.
Mañana. Quizás.
Traducido por Atenea Helenaus.
Corregido por Aelfwine.
La introducción y traducción al español del Memento Umbrarum: Nuptiae Noctis fueron realizados por Los Otros Vampiros. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com o ateneahelenaus@gmail.com

























