La ejecución de Johannes Junius, vampiro  

Balbuceado por Sebastián Beringheli


La ejecución de Johannes Junius, vampiro.


Johannes Junius (1573-1628) fue, entre otras cosas menos destacables, burgomaestre de Bamberg y un vampiro condenado a muerte.

Junius asumió como burgomaestre en 1608 y sostuvo su posición hasta el día de su arresto, poco después de que su esposa fuese ejecutada bajo cargos similares. Fue acusado de brujo, y, más puntualmente, de practicar el vampirismo. Según algunos estudiosos ácidos, esta región del orbe puede jactarse de la mayor cantidad de personas ejecutadas por considerárselos vampiros, de hecho, ni siquiera las autoridades estaban a salvo de esta acusación. Como prueba de ello, cinco burgomaestres fueron quemados en la hoguera en menos de doscientos años.

Documentos judiciales describen que Junius negó los cargos en su contra, y solicitó a la corte que lo confrontasen con los supuestos testigos que daban cuenta de sus correrías nocturnas. Durante casi siete días el pobre Junius se atuvo a su versión, a pesar de que cada noche era prolijamente torturado por sus antiguos compañeros para arrancarle una confesión definitiva.

El 5 de julio de 1628, la voluntad de Junius, extenuada por los constantes castigos, finalmente se quebró, y confesó todo aquello que los inquisidores buscaban que confiese.

En la copia manuscrita de aquella infamia, Junius relata que en 1624, atormentado por dificultades económicas, fue seducido por una mujer que luego se reveló como un Súcubo, es decir, una vampiresa sexual, quien le ofreció toda clase de delicias, terrenales y de ultratumba, a cambio de que renunciase a Dios. Al principio, Junius se rehusó, pero pronto fue atacado por una jauría de vampiros que se materializaron en su cuarto durante las noches, forzándolo a cometer toda clase de tropelías.

Luego de incontables sesiones de tormentos físicos y sensuales, Johannes Junius aceptó al Diablo como su señor, y se convirtió en vampiro.

Adoptó el nombre vampírico Krix, y comenzó a reunirse con otros hematófagos de la región. Asistió a las reuniones clandestinas del sabbat abordo de un gigantesco perro negro. Allí, dopado por los vahos infernales y las letanías cacofónicas de los adeptos, Junius bebió sangre humana, entre otros fluidos menos nobles.

El 24 de julio de 1628, poco antes de su ejecución, Johannes Junius se las arregló para enviarle una carta a su hija Verónica desde la cárcel. En la epístola defiende su inocencia argumentando que no se había transformado en vampiro por voluntad propia, sino bajo los auspicios engañosos de aquella Súcubo encantadora. Más aún, declara que el vampirismo no es en modo alguno el máximo exponente del horror, sino que existen otros, acaso más terrenales, infinitamente peores. Por ejemplo, ser torturado por un grupo de amigos.

La carta finaliza con una frase que se ha conservado intacta en la tradición popular de aquella zona:

Many hundred thousand good-nights, dearly Veronica, for your father Johannes Junius will see you no more.

Varios cientos de miles de buenas noches, querida Verónica, pues tu padre, Johannes Junius, no volverá a verte.


Johannes Junius fue quemado vivo, y su cuerpo, negado de santa sepultura, fue arrojado a una fosa en las afueras de la ciudad. En menos de cinco años todos los que participaron en sus torturas murieron en circunstancias misteriosas, todos ellos con una K marcada en el pecho.

Lord Aelfwine.


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